Dora Good Alzamora
Atraídos por sus luces, por sus fiestas y por sus supuestas oportunidades, muchas son las personas que deciden dejar sus hogares para trasladarse a Barcelona, concretamente, al viejo barrio del Raval. Sueños y fantasías se entremezclan en el distrito 08001 para intentar hacerse realidad entre todos aquellos que llegamos con una maleta y una mochila sin saber qué nos espera, ignorando cómo trascurrirán nuestros días.
Ravalonia, el barrio que nunca duerme, que no descansa, que se ha convertido en un sistema corrupto construido sobre sólidos cimientos de individualismo, intereses propios y capitalismo, dejando completamente al margen emociones, sentimientos…, la propia vida humana. Además, la libertad de expresión y de actuación se somete a manos de una autoridad maligna y corrupta.
Entonces, ¿qué ha ocurrido con las calles del Raval? Los que gobiernan han perdido el respeto por los que formamos el barrio. Entre aquellos que vivimos aquí, la humanidad es una característica que abunda. Todos tenemos buenas ideas para que el barrio florezca, para que todos podamos convivir en completa armonía. La tolerancia, la igualdad y, de nuevo, el respeto es lo que debe gobernar. Dejemos al margen los prejuicios y vamos a mirar lo que se esconde tras la máscara que llevamos, observemos quiénes somos.
Entre la oscuridad de las calles se esconden auténticas pesadillas y maravillas. Pero, sin ninguna duda, lo que más brilla de Ravalonia son las personas que la forman, su diversidad cultural y su lucha día a día por mantenerse en pie, por no perder el rumbo y seguir viendo las luces.
Plataforma KLT
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